|
Mis Confesiones - Revista Setiembre
|
|
|
|
 |
|
|
|
Yo fui la típica mina que se llena la boca diciendo que nunca tendrá una relación formal, que en mi futuro no habría ni casamiento ni hijos. No me gustaban nada los hombres cariñosos, comprensivos y dulces que dicen amar a una mujer sinceramente y dan su vida para protegerla. Pero a pesar de mis ideas de mujer independiente y autosuficiente, fui la primera del grupo en casarme. Fue por eso que al reinsertarme en el mundo de las solteras sentí que a toda prisa tenía que recuperar el tiempo invertido en mi novio bueno pero feo.
En las primeras revanchas de soltera conocí al mejor hombre con el cual estuve en la cama. Físicamente perfecto, tenía mucho dinero y sexualmente era increíble. Era tan perfecto que tuve que hacer grandes esfuerzos para no involucrarme sentimentalmente con él. Pero lo logré: no sentí nada más que conexión sexual, y después de habernos usado mutuamente dejamos de vernos. Entonces decidí darle una oportunidad al niño que trabajaba conmigo, un personaje al que siempre le había tenido ganas pero al que, por respeto hacia mi pareja, no había mirado con las garras afiladas. La pasé bien. No quedará en la memoria trascendente pero sirvió para darle paso a los siguientes. La lista es larga.
La vida de libertinaje exacerbado me llevó a encontrar en un boliche a mi hombre perfecto y a un pibe X con el cual había estado unas noches antes. Ellos eran amigos de toda la vida y yo no lo sabía. Esa noche no me fui con ninguno de los dos, pero entendí que debía ser más cuidadosa porque acá nos conocemos todos y sin pretenderlo estaba siendo la mina de turno de toda una barra de amigos.
Los hombres siguen pasando por mi vida cual río que fluye bajo un puente, pero empecé a mejorar mi sistema. Ya no voy al mismo antro de siempre y me manejo con discreción y mayor cuidado. Desde entonces mi apartamento se ha ido convirtiendo en un telo muy concurrido. A veces duermo con mi compañero de estudios, que es más chico que yo y tiene novia.
Otras veces con un tipo que conocí hace poco, un hombre salvaje y violento en la cama con quien no podemos proyectarnos. También duermo con el hippie sucio que me pidió el teléfono hace unos días y con quien solo quiero sexo. No es fácil, pero aún no los he hecho coincidir la misma noche en el mismo lugar y me reservo un instante a solas con cada uno de ellos.
A veces, en mis momentos reflexivos, pienso que de este exceso, como de todos, me aburriré en algún momento y querré salirme. No sé cuál será el siguiente.
|
|
|
|
|
|